Archivo de la categoría: Isidro Padilla (autor)

Para que conozcáis un poco mi ideología, voy a presentar aquí una serie de reflexiones (no pretendo llamarlos artículos, lo dejo en reflexión y propuesta para el debate). Así pues, al que le interese aquí encontrará, a partir de ahora, algunas de estas reflexiones que escribí en el pasado y las nuevas que surjan de este desorden político, económico y social que asola España.

No esperéis grandes cosas de mí, sólo os pido que colaboréis aportando vuestras reflexiones, ideas y experiencia para despertar a esta ciudadanía que ignora lo que pasa en España y, por ende, alimenta a su verdugo.

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La transversalidad en Unidos Podemos


Mucho se ha escrito en relación a la transversalidad en política y sobre sus pros y sus contras, pero creo que pocos han sido los análisis sobre sus límites, sobre su eficacia y sobre su efectividad a largo plazo.

Es cierto que en épocas de gran inestabilidad, de crisis profundas y de abusos de poder la aplicación de la transversalidad, con un líder carismático dialécticamente excepcional, puede lograr resultados sin precedentes y de hecho ha ocurrido, pero habría que ser prudentes y no atribuirlos sólo, o en gran parte, a la transversalidad sino a un conjunto de factores característicos del momento histórico. 

La transversalidad debe ser considerada como un medio para obtener mayorías, pero no con el único propósito de conseguir mayorías per se,  sino mayorías sociales que compartan objetivos comunes que construyan identidades reguladoras que se adapten a la sociedad actual destacando el grupo identitario de la clase trabajadora. La transversalidad tiene sus límites y puede ser un arma de dos filos si se abusa de ella. Tenemos el ejemplo de UPyD y se me apuran ustedes el de Ciudadanos que ya se encuentra un una situación delicada con su cacareada transversalidad.

Si la transversalidad supone reunir a todas las personas que desean un cambio político y poner las instituciones al servicio de la sociedad civil, dentro del espectro político de la izquierda hasta el centro para construir una sociedad mejor, creo que tendrá éxito, pero el que crea que atraerá votantes de la derecha aplicando la transversalidad y mostrándose moderado para evitar el miedo está, desde mi punto de vista,  muy equivocado: el miedo en la franja de población que nos interesa sólo lo tiene los cobardes, los incultos y los alienados que carecen de pensamiento crítico, y esos mejor que no formen parte de ningún movimiento para el cambio porque nos pueden crear las desmotivaciones que observamos en el escrutinio del 26J.

Podemos se desarrolla a partir del movimiento transversal de ciudadanos, el 15M, ciudadanos asqueados e indignados por la cleptocracia generalizada a la que ha conducido el régimen del 78. El modelo transversal quedó aprobado en el congreso fundacional de Podemos en Vistalegre I. El régimen ya no representa a la gran mayoría de la población definitivamente, la alternancia del bipartidismo y el estado de partidos en general lo ha corrompido todo, la corrupción está generalizada y el modus vivendi de todos los partidos políticos de la Transición es el saqueo de las instituciones, el robo generalizado y la extorsión.

Por lo tanto transversalidad sí, pero con mucha precaución. Me preocupa enormemente esta fracción de Unidos Podemos, los errejonistas, que tanto hincapié hacen sobre la transversalidad y la feminización de la organización ¿Es que no hay otro medio posible de conseguir los objetivos sin recurrir a un exceso de transversalidad y hablar con tanta vehemencia de la obviedad de feminización de la organización? Creo que perdemos mucho tiempo en cosas que a estas alturas deberían estar resueltas y que el airearlas públicamente sólo sirve para esconder la incapacidad de aglutina a la izquierda desde el extremo hasta el centro, que es lo realmente importante y no ir a pescar en rio revuelto que no sabemos, a ciencia cierta, lo que vamos a sacar del agua. Esto en cuanto a la transversalidad, y en cuanto a la feminización de la organización yo preferiría no hablar y actuar porque yo no he oído nunca a Pablo Iglesias negar la participación de la mujer como para que esto genere una división en la organización. Así que vamos a ponernos a trabajar, en serio, en el Parlamento, en la calle, en los barrios, en los municipios y donde sea necesario para aglutinar (hombres y mujeres) a toda la izquierda como ya he dicho más arriba.

Parece que no tenemos las ideas demasiado claras y se nos olvidan aspectos importantes fundamentales para el cambio y para evitar la revolución pasiva del capitalismo de la que tanto habló Antonio Gramsci y tan poco hemos aprendido. El sujeto de derechas, ese votante potencial para los errejonistas, nunca estará interesado en dicha transversalidad y ya tenemos suficientes ejemplos a lo largo de la Historia para comprenderlo. El Comunismo nunca se llegó a desarrollar porque la derecha nunca se integró en un proyecto transversal, su egoísmo genético se lo impidió. Sí, podemos logramos integrar unos pocos pero eso de poco sirve. Mucho tiene que evolucionar la sociedad antes de lograr la convergencia de izquierda y derecha por mucho que se diga que la globalización resta importancia a los conceptos izquierda-derecha.  Si el Comunismo fracasó por no tener en cuenta aspectos de este calado y obviar aspectos fundamentales de la obra de Engels y Marx, no ha sido menor el fracaso de la Socialdemocracia al caer en los mismos errores: creer que el capitalismo ya estaba domesticado y que el entendimiento y la lealtad ya estaban aseguradas. Los mejores resultados que se han obtenido a lo largo de la historia humana se obtuvieron después de la Segunda Guerra Mundial cuando por miedo al Comunismo el Capitalismo y la Socialdemocracia se pusieron a colaborar, a trabajar juntos, a distribuir la riqueza generada y a establecer el estado del bienestar. Pero todo acabó cuando aquella izquierda (entonces la Socialdemocracia era de izquierdas) cayó en el mismo error y creyó que el capitalismo estaba domesticado. Tengo la sensación de que la fracción errejonista de Unidos Podemos esta ya pensando en cometer el mismo error: integrarse en el estado de partidos impuesto por el capitalismo con la intención de producir el cambio desde dentro de ese estado de partidos. Miedo me da pensar que una parte de Unidos Podemos se encuentre en esa peligrosa vereda, camino hacia el inexorable precipicio. Me temo que desde dentro de un estado de partidos poco se puede hacer, creo que no hay que descuidar la calle y los movimientos sociales fuera del Parlamento.

Quiero pensar que estos vaivenes, que veo en la formación sin un rumbo fijo, no sean más que las dificultades de encarrilar el movimiento ciudadano en la dirección correcta y que para ello se prevén mecanismos de control y límites a la transversalidad y, sobre todo, que los errejonistas sean conscientes de que para vencer al capitalismo hay que dormir con un ojo abierto. Jamás podrán cerrar los dos ojos, es lo que hizo la Socialdemocracia y ya hemos visto los resultados.

Yo admiro a Iñigo Errejón y creo firmemente que es uno de los  componentes más válidos de la formación pero su deriva en los últimos tiempos hacia su acercamiento al estado de partidos para realizar el cambio desde dentro me parece un error, estoy más con la postura actual de Pablo Iglesias que se encuentra un poco más alejado del centro, que como sabemos ya no existe. El centro político, hoy día en España, es la extrema derecha más rancia y casposa conocida que aglutina al PSOE. Prefiero la postura de Pablo Iglesias porque es la que más posibilidades tiene de aglutinar múltiples izquierdas de este país diferenciadas por pequeños matices con el único fin de satisfacer el ego de un líder mediocre, y esta, ha sido y es, la encrucijada en la que siempre se encuentra la izquierda española.  Pienso que la unión de IU con podemos ha sido un paso muy importante, en contra de lo que piensa Errejón. La pérdida de votos que se achaca a esta unión no es real desde mi punto de vista, sino que se debe al cataclismo que se ha producido en IU que estaba muy integrada en el estado de partidos después de la salida de Julio Anguita y a otros factores ajenos a dicha unión. Iñigo Errejón al que considera una persona muy inteligente y preparada no sé si llegará a mantener en este error y me preocupa.

Yo siendo un neófito en temas políticos entiendo que esa pérdida de voto (respecto a lo esperado con la unión de IU) no está relacionada, en absoluto con dicho unión sino con el boicot de los históricos de IU y, sobre todo, por los bandazos ideológicos de Pablo Iglesias.  La falta de control emocional y la desorientación ideológica que mostró Pablo Iglesias, que se incrementaron después de la hipótesis de Vistalegre, posiblemente a causa del trauma que le causó una transversalidad excesiva y la pérdida de identidad, tuvo mucho que ver con la caída del voto esperado. Lo que ocurrió es que el listón se puso demasiado alto, cuando ni somos tan buenos políticamente hablando, ni estamos sobrados de experiencia, ni llevamos el tiempo suficiente en política como para haber madurado todo lo que se requiere.

Pablo Iglesias quedó después del Congreso Vistalegre I desencajado, se notaba incómodo, no desarrollaba su capacidad dialéctica y soltaba disparates que no lo situaban ideológicamente en ningún punto del espectro político y finalmente llegó a declararse socialdemócrata elogiando a José Luis Rodríguez Zapatero que fue el autor de la modificación del artículo 135 de la Constitución con toda la carga negativa que eso conlleva.

Afortunadamente, después del descalabro, Pablo Iglesias ha corregido y se está situando donde siempre debió estar, ni en extremo ni en el centro y esto ha producido las divergencias entre Pablo y Errejón que ahora ven la luz, y que pueden desmoronar el proyecto de reunificación de la izquierda que tanta falta nos hace para el proyecto político y que yo personalmente considero más importante que la transversalidad.

Al Congreso Vistalegre II Unidos Podemos va a llegar con una fisura importante, por mucho que se quiera ocultar: las divergencias entre Pablo e Iñigo, personajes que no están ahí para competir y satisfacer sus egos, sino para llevar el proyecto encomendado por la sociedad civil a buen puerto, pueden poner en peligro la organización. Veremos cuál de las dos opciones gana, la transversalidad de Errejón o la izquierda civilizada de Iglesias, porque la izquierda de Iglesias, a ver si nos enteramos de una puñetera vez, es la más civilizada que ha tenido España y la que más capacidad de aglutinación tiene. Lo que sería deseable es que ambos abandonen sus egos y se pongan de acuerdo en la vía intermedia, porque me parece que ni Iglesias da tanto miedo ni la transversalidad es la panacea. El mantra del miedo no es más el mecanismo que utiliza el grupo hegemónico para dividir Unidos Podemos, yo no veo que la ciudadanía tenga miedo incurable, excepto los ligados a PP, PSOE y Ciudadanos y estos necesitan tratamiento psicológico antes de entrar en la transversalidad de Unidos Podemos, así que mejor que no entren hasta que estén curados. 

La corriente errejonista que promueve un partido más partidario de volver a las bases, endulzar Unidos Podemos y  situar  los fines sociales por encima de los políticos (eso nunca lo ha negado Pablo Iglesias) no creo que sea el momento de usarlo como arma arrojadiza, hay que madurar más, aprender a gobernar y presentar un programa electoral mucho más sólido que el actual que atraiga a los votantes y no correr tanto para entrar en gobiernos con este nivel de corrupción, que nos harían perder prestigio. No podemos prescindir del partido (porque recordemos que estamos en un partido político y ya he dicho más arriba lo que pienso de estas formaciones) ni podemos igualarnos al estado de partidos asumiendo el mantra del miedo para que nos vea con mejores ojos en grupo hegemónico y sus esbirros. Eso no creo que resuelva nada.

La negativa de Errejón a etiquetar el partido en el espectro político para no contradecirse con la transversalidad extrema que defiende, me parece un error.  Si por necesidades urgentes hemos tenido que crear un partido político, ahora debemos aceptar que estamos en un partido político, y debemos tener muy claro que el problema es que debemos emplear ese partido político que se creó para sacar a España de un estado de partidos y que es una contradicción respecto al 15M, y eso supone riesgos que deben ser asumidos y minimizados. Todos los partidos políticos sean de la ideología que sean terminan igual, traicionando a su electorado, la única solución, como demuestra la Historia, es que una ciudadanía culta y madura se saque de encima la losa de los partidos políticos que nos aplasta. El 15M iba por estos derroteros, acabar con los partidos políticos, pero se ha descafeinado porque el grupo hegemónico ha puesto en marcha toda la artillería para frenarlo, y la ciudadanía aún no ha alcanzado el nivel cultural y político como para hacer frente a ese miserable grupo hegemónico que implanta el estado de partidos políticos, para robar y pisotear la dignidad de los ciudadanos.

Para eliminar el estado de partidos hay que meterse en un terreno muy pantanoso y para ello antes hay que perder el miedo infundado con el que nos bombardea el grupo hegemónico, saber bordear el terreno pantanoso, dejar de observarse el ombligo y aprender a ser honrado, porque a ser honrado también se aprende cultivándose, observando, estudiando y amando a la madre naturaleza. Los egos personales y el individualismo lo destruyen todo y eso es lo que nos está pasando como sociedad.

En fin veremos que ocurre en el Congreso Vistalegre II, pero ocurra lo que ocurra creo que es la sociedad civil la que debe orientar y empujar a Unidos Podemos en la dirección correcta partiendo de la base de que dicha sociedad no está lo suficientemente preparada y que el camino por recorrer puede ser largo.

Podemos ha logrado algo increíble en poco tiempo y eso no lo puede desaprovechar la sociedad civil, ahora hay que seguir con el partido político hasta lograr echar a los mafiosos de las instituciones y una vez logrado hay que forzar a Unidos Podemos a que se autodestruya como partido político para dar paso a la democracia directa, a la soberanía popular, para volver a aquella política que descubrieron los griegos, aquella política que desconfiaba de sus representantes. Ni Pablo Iglesias ni Iñigo Errejón debiera imponer lo que debe ser este movimiento social, deben asumir que están de paso en ese puesto y que pueden ser igualmente útiles en cualquier otro, o incluso más útiles que en ese estatus. Los necesitamos dentro de la formación, ahora más que nunca, pero no aferrados al sillón.

Isidro Padilla, @ipadillar

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