Consecuencias del bipartidismo español

Para empezar, la proposición de Ley que el PP y PSOE llevaron a Bruselas no es de lo más coherente. Las dos formaciones políticas han consensuado políticas que sirven para mejorar el orden político, social y económico, pero después hicieron una reforma constitucional que dañaba los intereses de los ciudadanos, o lo que es lo mismo, una traición a toda la ciudadanía.

Ya desde 1945 los Estados Unidos de América apostaron por un bipartidismo español, ciertos documentos desclasificados ilustran que el Departamento de Estado de los Estados Unidos de América apostó por una Transición pacífica, tras la muerte de Franco,  que culminaría en el bipartidismo actual. El bipartidismo es  el mejor modelo para mantener una misma política pero con dos marcas distintas, una de corte suave social y otra de corte duro liberal. Si analizamos la situación de la Transición veremos las reformas llevadas a cabo: reformas del mercado laboral, privatizaciones y contrarreformas fiscales que recorre los gobiernos de González, Aznar, Zapatero y culmina en exaltación extrema en Mariano Rajoy.

Durante la transición nuestros políticos se dedicaron a fijar atención sobre los aspectos externos de funcionamiento político como son las elecciones, instituciones que emanan de las urnas, medios de comunicación independientes y la actividad sindical ligada a la responsabilidad del Estado. En dicho ambiente se normalizan y homologan los papeles de: política económica, social, exterior y del mismo proyecto europeo. OTAN, Iraq, Yugoslavia, Maasttricht, Amsterdam, Niza, Lisboa, Pacto de Estabilidad y Crecimiento, Pacto por el euro, Directiva de Servicios a fin de conducirnos al proyecto único, el discurso único, y el mercado único.

Esto conduce a una  política común, la llamada Política de Estado intocable. Este hecho degrada los proyectos políticos y los programas de los mismos a la condición de meras anécdotas propias de la permanente lucha electoral. De esta forma la política se transforma en una única obra interpretativa de forma que el espectáculo está vacío de contenido, siempre es el mismo gobierne quien gobierne.

Por otro lado, en España el bipartidismo ha convertido la política en una cuestión de siglas y no de proyectos y valores. Basándonos en el principio “juntos podemos”, se ha impuesto sobre las necesidades de la gente dos únicas opciones: la de derechas (PP) o la de izquierdas (PSOE), lo que conduce al autoengaño donde en el campo electoral lo único que tiene sentido son las palabras izquierda y derecha y aquí termina la política.

Esto nos lleva inexorablemente a una falta de diálogo, consenso y una serie de pactos que en muchos casos son contra natura y nefastos en política. Evidentemente el diálogo, pactos y consensos son tan necesarios que sin ellos no existe la Política, pero estos pactos no deben ser nunca contra natura en detrimento del ciudadano y la Nación. Cuando se pacta se deben tener claras tres cosas: qué se pacta, con quién se pacta y por qué se pacta. En el bipartidismo siempre ha faltado diálogo, consenso y pactos que beneficien al ciudadano y la Nación, y sobran los muchos que se hicieron para favorecer a partidos políticos, banqueros y ladrones de guante blanco y, por ende, legalizar la corrupción que ha desembocado en una cleptocracia generalizada en la que se garantiza la impunidad.

Isidro Padilla

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