El derecho real a participar en la vida política

Hay un círculo vicioso relativo a la vida de los partidos que confirma que vivimos en un régimen ademocrático. En teoría, cualquiera de nosotros puede participar en la vida política mediante la creación de un partido o, simplemente, concurriendo a las elecciones; pero, en la práctica, todos tenemos la conciencia de que una cosa así será inútil, porque nunca conseguiremos que nuestro mensaje llegue a los electores. Creo que habéis visto cómo es una campaña electoral y las cantidades inmensas de dinero que se invierten en ellas. Trenes dedicados, polideportivos a rebosar, la ciudad empapelada, vallas publicitarias, los candidatos y su corte recorriendo el país en avión. Todo eso sólo para reunirse con las huestes propias, entregadas de antemano y con un papelón reducido a aplaudir y vitorear.

Esa frenética actividad cuesta una cantidad horrible de dinero que el resto de la población no puede permitirse. Las fuentes de financiación de los partidos son, oficialmente, las cuotas de sus afiliados, la administración de los recursos propios, las donaciones y la subvención del Estado por escaños obtenidos.

Para mantener el aparato, sus sedes, viajes, sueldos y campañas, esto (excepto donaciones sobresalientes y desde luego no desinteresadas) es calderilla y creo sospechoso que esa realidad no resulte evidente.

Lejos de mi intención dirigir una acusación genérica contra los partidos o sus dirigentes. Me limito a dejar constancia de los escándalos periódicos que han ido apareciendo en relación a su financiación ilegal. A lo mejor estoy equivocado, pero los casos Naseiro, Filesa, Flick, Matesa, Gürtel… sugieren un sistema estable y mantenido en el tiempo de financiación ilegal.

Me nace una sonrisa de ironía cuando, tras descubrirse algún nuevo fraude, veo a los bienintencionados ciudadanos dejarse llevar por las protestas de los propios dirigentes que, tras elegir los cabezas de turco, insisten en que nadie debe lucrarse a costa del partido, como si ésas y otras maniobras no estuvieran organizadas por los propios partidos, sedientos de una fuente inagotable de recursos.

Hay al respecto una frase hecha que sirve como segunda barricada de defensa cuando las principales fallan y el juez y la sociedad se enteran del robo: En todos los partidos hay sinvergüenzas. Esta expresión, tan usada cuando llega el caso, resulta muy eficaz como mal menor para convencer a la sociedad de que el partido no es agente, sino víctima. Es cierto que en un ambiente de rapiña es fácil que quienes ven pasar el dinero por delante cojan un poco, pero que esto no nos distraiga del grave problema de base, que es la inmensa cantidad de recursos económicos que necesitan los partidos para funcionar y la relativa modestia de sus fuentes oficiales de ingresos.

Por mi profesión, tengo una ligera idea de lo que pasa cuando hay que adjudicar una obra pública. Los empresarios del sector están absolutamente desesperados con el tema y confío en que se entienda, porque esta parte es bastante turbia y no pienso explicarla mejor. Cuentan también estos empresarios algo inquietante: Que cuando el concurso es para la Unión Europea nunca hay ni pucherazo ni favoritismo porque los pliegos de condiciones establecen Carlos-Fabra-Francisco-Camps-Aeropuerto Castelloncriterios objetivos y no dejan nada a la valoración de la Administración otorgante del contrato. Y añaden que en España es todo lo contrario, puesto que aquí los pliegos contienen una dosis importante de criterios subjetivos, lo que funciona como garantía de que la autoridad de turno pueda otorgar la obra a quien le apetezca. Dicen también que sería muy fácil impedir la corrupción y los correspondientes sobrecostes en la adjudicación de obras modificando la ley para introducir en los concursos sólo criterios objetivos y eliminar los subjetivos.

Pero saben que ninguno de los partidos importantes lo hará. No me preguntéis por qué. Simplemente recordad el revuelo que se organizó en el Parlamento de Cataluña cuando un político le reprochó a otro que su problema, o el problema de su partido, era el 5% y la que se organizó cuando a ese político y su partido le pillaron otros.

La censura ética que pudiéramos dirigir hacia los responsables de ese modo de proceder queda al margen del presente análisis. Lo importante aquí es que los ciudadanos en general, si exceptuamos el éxito local de ciertos independientes, no pueden ni soñar en fundar un partido para defender sus ideas con una mínima esperanza de que su mensaje llegue a destino.

Todo es mentira. Sobre el derecho a participarBeneficiándose de este mecanismo totalmente (en apariencia) corrupto, dos maquinarias no siempre democráticas se reparten el poder y deciden nuestro destino escenificando una farsa en la que las discrepancias son sólo de matiz y en la que las cuestiones mas importantes quedan excluidas porque en ellas el acuerdo es total.

Para que existiera una democracia auténtica en la que todos tuviéramos la oportunidad de formar y hacer funcionar un partido político con posibilidades, debería establecerse una prohibición muy exigente de todo gasto electoral.

Las campañas caras no sólo son innecesarias, sino que constituyen un instrumento del sistema para excluir conscientemente al pueblo de la democracia real.

El mensaje de los candidatos puede y debería hacerse llegar sólo o preferentemente a través de espacios electorales gratuitos en los medios de comunicación (públicos y también privados, como veremos). La utilidad de empapelar las ciudades con carteles de los candidatos no radica en obtener una ventaja sobre el adversario (algo carente de sentido puesto que el adversario empapela por igual) sino en marcar un foso económico insalvable entre las posibilidades de los partidos instalados y las de los partidos incipientes que pudieran nacer del pueblo.

La prohibición de todo gasto electoral, o su moderación drástica, rellenaría ese foso y seria la única forma de igualar a todos a fin de que fueran las ideas las que triunfaran y no el dinero.

Hasta entonces, la realidad es que uno de los dos grandes partidos no va a hacer nada para resolver los problemas graves, incluyendo la muerte lenta del planeta o el nuevo esclavismo del siglo XXI, asociado a los altos precios de la vivienda y a las hipotecas, y el otro tampoco. Y la realidad sigue siendo que los partidos nuevos y alternativos que pudieran plantearse estas cuestiones no tienen la menor oportunidad por culpa de un sistema diseñado con mucha atención para que nada pueda salir del pueblo.

LISTAS ABIERTAS

ComoFunciona01Esta es una experiencia propia. Formé parte de una asociación de productoras de cine en la que no existía nada parecido a democracia real. Cinco o seis empresas se repartían siempre las subvenciones y el resto, unas setenta y cinco, debíamos conformarnos con las migajas en el mejor de los casos. Esas cinco o seis empresas no despertaban precisamente buenos sentimientos entre el resto y para mí era un misterio cómo un año tras otro continuaban al frente de la cúpula directiva en una asociación que sin embargo se regía por hábitos democráticos y celebraba elecciones periódicamente.

La razón estaba en los estatutos, que establecían la presentación a las elecciones no de candidatos individuales, sino de candidaturas colectivas cerradas.

Además, la junta directiva estaba sobredimensionada y resultaba desproporcionada con el número total de asociados. Todo esto estaba estudiado, porque cada vez que había elecciones la camarilla dominante presentaba una candidatura de dieciocho empresas para ocupar los dieciocho puestos de la junta directiva. La mayoría de las veces el resto ni siquiera podía recoger candidatos suficientes para integrar una candidatura alternativa.

Redacté una reforma de los estatutos para que las elecciones se celebraran con candidatos estrictamente individuales. Este era un medio seguro para instaurar una democracia auténtica pero los empresarios de la camarilla lo vieron a la primera de cambio. Sabían que tan pronto como la reforma se pusiera en marcha nunca más volverían a controlar la asociación simplemente porque las bases no les votarían. Así que bloquearon la reforma por diversos medios y yo abandoné la asociación junto con unos cuantos productores para formar un colectivo alternativo, dejando que ellos continuaran con su movimiento nacional y sus candidaturas oficiales.

Así es como funcionan todas las mafias que se presentan en sociedad bajo apariencia democrática. Si no vemos la artimaña no entenderemos nada.

Otro día me tocó presentarme en las Cortes Valencianas para impedir que una ley relativa a ciertas corporaciones de derecho público regulara sus elecciones mediante presentación de candidaturas. Los partidos políticos que tenían que aprobar el texto pretendían reproducir en él sus propios esquemas de funcionamiento, pero los interesados estaban en desacuerdo y me enviaron para aclarar a los diputados que los candidatos debían ser estrictamente individuales.

Estas anécdotas subrayan la importancia de las listas abiertas. Si cada elector pudiera elegir al candidato que le pareciera conveniente, las cosas cambiarían.

Los políticos serían menos arrogantes y atenderían más a las necesidades reales. Y sobre todo nos podríamos dar el lujo de contrariar a los grandes partidos dejando de una forma muy democrática fuera del Parlamento a algunos de sus políticos principales. En todo caso, os pido que percibáis el paralelismo entre la democracia formal de la asociación de productores, que era en realidad una oligarquía camuflada donde siempre mandaban los mismos, y la democracia formal de nuestro sistema político, que también resulta ser una oligarquía camuflada donde siempre mandan los mismos.

6 José María AznarPero ellos no nos permiten los cambios porque esto produciría un cabo suelto en nuestras ataduras. Estamos no sólo gobernados, sino controlados por partidos políticos al servicio de inmensos grupos económicos, y esa correlación del poder (de los grupos económicos sobre los partidos y de los partidos sobre el pueblo) debe funcionar como una maquinaria bien engrasada. Si pudiéramos elegir a los candidatos, comenzarían a aparecer en esa maquinaria pequeños fallos que podrían multiplicarse de forma indeseable para quienes necesitan que todo esté bien atado. A mi parecer no son precisamente los partidos los que se resisten a las listas abiertas, sino los grupos económicos que los controlan.

Todo es mentira. Breve compendio de ideas sobre el sistema. © José Ortega 2010

@Jotaele RS

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9 comentarios en “El derecho real a participar en la vida política”

  1. Enhorabuena por el post, coincido en todo. Únicamente sugerirte que en la foto destacada sólo los hay de un partido y condiciona la lectura bastante. Creo que lo que dices y cómo lo dices no necesita de ciertas manipulaciones.
    Saludos.

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  2. Lo dicho Jotaele, que me había leído el post y estaba tan contento por coincidir en todo y al ver la foto destacada, en la que sólo aparecen políticos de un grupo, me ha decepcionado un poco.
    Es solo una opinión.
    Gracias.

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    1. Hola José Luis (tocayo!), ya está cambiada la foto principal del post. No tengo ninguna que me llame ni que cuadre perfecta, así que aprovecho para meter al bipartidismo en lo que coinciden y es peculiar en ellos. Saludos

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      1. Hola JL, a mí me parece más explicativa esta foto. Enhorabuena de nuevo, coincido en todo. Es paradójico que unos grupos (partidos) cuyo funcionamiento interno es antidemocrático, se jacten de ser los adalides de la democracia. La consecuencia es a la que estamos asistiendo.

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