El dinero, máxima acumulación

El dinero es hoy día algo muy curioso. Se ha convertido, como sucede en la película In Time, en elemento imprescindible para vivir. Hasta hace no muchas décadas, con un poco de habilidad, herramientas y algunos metros de tierra, más o menos se podía tirar, aunque no tuvieras.

Pero ahora no. Ahora es un cosa que la población, vista como un conjunto enorme de animales sin cerebro, puras bestias, necesitamos de manera determinante, como el agua misma.

Y resulta que ese dinero, que en un principio fue un medio, se convierte en el todo, en el elemento esencial sin el cual los individuos de esa masa perecen.

Así que el dinero, que al parecer no es de nadie (ojo, es solo un parecer, el dinero ahora mismo es la idea más compleja que existe, y además de idea es cosa, lo que hace la cuestión más rebuscada) ese dinero que, como digo, al parecer no es de nadie, se distribuye de manera ultra controlada y racionalizada (de racionamiento, no de racional), entre esa masa de gente desgraciada. Con cuenta gotas. Se dejan caer unas monedas y las pobres almas se pasan peleando por ellas hasta la siguiente lluvia de monedas, en un periodo de tiempo relativamente breve.

La imagen es verdaderamente patética. Y lo es porque demuestra cómo una sociedad hambrienta de ese dinero, que no tiene, es a su vez quien con su fe le da valor a ese mismo dinero, que no tiene, insisto.

Actualmente esa misma sociedad, esa masa amorfa descerebrada que carece de conocimientos, pero que si tiene una fe poderosa, es en teoría la que sustenta la misma legitimidad de esa cosa, del dinero. Pero no acierta a darse cuenta que en esa pirámide que, inevitablemente, sigue siendo la sociedad y la masa amorfa, hay arriba unos cuantos que deciden cuánto dinero se derrama hacia las bases.

No se ha hecho aún la pregunta más básica de todas: ¿si tan imprescindible es, por qué hemos dejado en manos de otros, que no somos nosotros, que decidan cuánto dinero tenemos?. ¿Por qué no decidimos nosotros cuánto tenemos en vez de esos otros?. ¿Por qué somos tan tontos de creer que si podemos cambiar las normas, las reglas del juego, con esa cosa que aún llamamos democracia, no vamos a poder cambiar toda la teoría del dinero y su flujo y efectos?

Cuando a una masa o sociedad le da una ataque de inteligencia, suele revolucionarse y cambiar las estructuras del poder, y suele hacerlo mediante no solo nuevas normas, sino nuevas legitimidades de esas normas. Pues con el dinero se puede hacer lo mismo.

No se trata de cambiar la moneda, sino el concepto de dinero mismo. Bitcoin no vale por lo que vale, sino porque ha creado una nueva dimensión conceptual. No es el valor sino el origen, la creación de esa forma de dinero, lo que tiene transcendencia, o si se prefiere, la forma de creación de ese dinero.

El equivalente socio dinerario, a nivel revolución, sería algo parecido a que “los de abajo” decidieran crear su propio dinero, o sistema de riqueza-pagos, despojando a los de arriba de todo su poder por negación de la fe que lo sustenta (todo de una tacada, no me refiero a monedas alternativas y tal, sino a un acto único).

Se podría decir que (simplificando, eh!) ahora son los ricos los que deciden qué es dinero, cuánto hay y cuánto pueden tener los pobres, o sea, nosotros. Son muy pocos decidiendo sobre la vida de todos los demás. Pero si se consiguiera alterar esa legitimidad incomprensible y absurda, el trasvase de la riqueza-poder, sería inmediato y sin violencia de ningún tipo, ni siquiera económica.

Para ello sería necesario prescindir del dinero como lo entendemos hoy y pasar ya directamente a la computación electrónica total. En realidad es algo que me sigue sorprendiendo, que convivan los dos sistemas, el de computación electrónica (lo nuevo) con esa misma computación aplicada a un concepto “meta”, como es el dinero de siempre que han manejado los de siempre.

Aunque no van los tiros por donde quiero que vayan, piensen, para comprender esta parrafada que es un poco indigerible, ¿qué pasaría si todos mañana tuviéramos una cuenta con cien mil euros de valor sin que nadie dijera ni hiciera nada para contrarrestar ese hecho? ¿Y si, además, añadimos que las cuentas no pudieran reflejar más que esa cantidad como limite máximo que cualquiera pudiera tener, como cantidad que el sistema no pudiera aceptar por encima, no computara, y superada, por cualquier motivo, desapareciera de la respectiva cuenta?

Lo que quiero decir es que si en un sistema, ya de por si bastante absurdo, no se limita el número posible de máxima acumulación, el sistema se torna esencialmente imposibilitado para servir a su origen y propósito. La cuestión ni siquiera sería quién y cuánto puede fabricar, sino cuánto se puede acumular.

Para salvar la cosa esta que ellos llaman crisis, digo. Total, si ha sido una estafa, para arreglarla vas a emplear métodos de igual impacto al menos, ¿no?

© Juan Moreno Yagüe (texto en su Facebook). Abogado independiente, @hackbogado, que presentó las demandas de #15MpaRato contra BANKIA y Rato y consiguió la fianza de 800 m €, reducida por la AN. Cofundador del Partido X, hoy es parlamentario andaluz por Sevilla. Creador junto a Francisco Jurado (@SuNotissima) de dispositivos legales como: Democracia 4.0, opeuribor.es, tomatubanco.org. @Hackbogado piensa, @SuNotissima traduce como dicen en este su blog: https://senti2comunes.wordpress.com/about/

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